LUNES
Erase una vez un precioso lirio que vivía feliz a la orilla de un arroyo. Hasta que llegó un pájaro malo que empezó a burlarse de él porque no podía moverse y por su pequeñez, comparado con el lirio imperial que él conocía. El pobre lirio empezó a angustiarse y a envidiar la libertad del pájaro y la superioridad del lirio imperia. Un día trazaron un plan: el pájaro le quitó las raíces al lirio para trasladarlo al lugar donde crecía el lirio imperial. Pero !que pena!, mientras lo trasladaba, el lirio se secó. No quiso aceptarse como era, y se perdió. Allí donde nos siempran es preciso saber florecer. Si de oches lloras por el sol, o verás las estrellas. |
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MIERCOLES
Cuenta un maestro oriental que de joven rezaba así: “Señor, dame fuerzas para caminar el mundo”. Cuando fue mayor, al ver su fracaso decía: “Señor, dame la gracia de transformar aunque solo sea a mis amigos”. Al final de la vida, al ver que nada había conseguido, su única oración era ésta: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo”.
Esta es nuestra primera obligación: arreglarnos a nosotros mismos. Sin olvidar que, detrás de la primera está la segunda: preocuparnos por los demás.
Dos amigos se lamentaban de lo mal que estaba el mundo. Discutían sin parar, hasta que un día le dijo uno al otro: “Seamos tu y yo los mejores, y habrá dos pillos menos en el mundo”. |
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MARTES
Un vecino encontró a Arsenio, cuando este buscaba algo de rodillas. ¿Qué buscas?. “Mi llave, he perdido mi llave”. Y arrodillados los dos se pusieron a buscarla, entonces, preguntó el vecino: ¿dónde la perdiste?. “En aquel
rincón”. “¡Dios Santo y entonces ¿por qué la
buscas aquí?. Es que aquí hay más luz. Busca a Dios en tu propio corazón. Allí lo podrás
encontrar! |
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JUEVES
Llegó un peregrino a una casa y pidió algo de comer. “No tengo nada”, dijo la señora.
“No se preocupe, dijo el peregrino. Yo tengo una piedra de sopa. Vamos a echarla en un gran puchero de agua hirviendo”.
Todo el vecindario acudió curioso.
Cuando el agua empezó a hervir el peregrino probó una cucharada. ¡Deliciosa!. Solo hace falta unas papas (que al momento trajo una mujer). Probó otra cucharada.
“Ya sólo falta carne y verduras”, añadió. Y pronto trajeron algunas vecinas, y por último sal que puso la dueña de la casa.
Luego ordeno: “Platos para todos”.
Los trajeron, y además, pan y fruta.
Entonces se sentaron y disfrutaron de aquella increíble sopa, felices de compartir la comida. Mientras tanto el peregrino se escabulló, pero les dejó una milagrosa piedra de sopa, para que pudiera usarla. Con la aportación de cada |
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